Y del este nos vamos hacia el Norte…Matatu Trip desde Diani hasta Ukunda…Ukunda- Likoni, tomando el ferri hasta Mombasa y comenzamos a explorar la costa.
Antes de nada hay que decir que si en esta vida los contactos son de gran ayuda para tu vida diaria, en Kenia resultan imprescindibles y más para el mochilero. Se encuentran pocos por el país y es que resulta complicado viajar de manera independiente. Ser Mzungo (blanco) tampoco es fácil en un país de predominancia negra, a no ser que tengas un nombre cubriéndote las espaldas…Y así, otra vez, la suerte me acompana, este hombre es Jeff. Esta linda personita es nuestro relaciones públicas particular y para todo lo demás Master Card. Desde Diani Beach nos consigue los safaris al mejor precio, y nos busca anfitriones u otros contactos en cada lugar en el que desembarcamos. Gracias a él uno puede disfrutar sin mayores percances este hermoso pero delicado país.
Primera estación: Watamu
Es inevitable no toparse con la idiosincrasia keniata al tomar cualquier bus hacia ninguna parte. Los horarios son bastante más que flexibles y uno puede llegar a esperar horas hasta que el autobús esté lleno antes de salir hacia el destino. Mientras, desde las ventanas, los vendedores de cualquier cosa vendible te acosan para que compres galletas, dulces, cacahuetes, relojes, máquinas de hacer sudokus, paraguas, flotadores y cualquier cosa que se te pase por la cabeza…en Mombasa todo es posible de conseguir. Dos horas después: Reggae, Bollywood o whatever, coro de claxon de feria y paisaje frondoso de carretera…A los lados: pinos, palmeras cocoteros, mangos, plataneros, maizales… delicias para la vista y el olfato. Entre tanto se cruza algún poblado de casas de madera, paja y barro.
A la llegada a Watamu, Baya nos espera y nos acoge en su hermosa casa, el rico entre los pobres…Damos una vuelta por la bahía de los galápagos, comemos en un bar local algo de comida típica africana…chapatis con carne…qué delicia. Por la tarde recorremos la reserva forestal de Akabuko Sokoko, la más grande de las reservas de la selva indígena en el este de África. Caminar por sus senderos es una experiencia casi mística, pues existen más de 200 especies distintas de pájaros y escuchar los can
tos es un regalo de los dioses…Por el camino nos topamos con las Safarians…las hormigas temidas de los bosques que van hacienda auténticas carreteras y si te descuidas y te metes en su camino te hacen trigo molido en mordiscos por las partes más nobles.
Al día siguiente recorrimos las ruinas de Gede a 4km de Watamu, los restos de un antiguo pueblo Swahili del siglo XIII. Andrew nos hizo de guía y se lo pasó en grande con nosotros que no parábamos de hacer el cabrales…Mas del mismo rebozado salvaje…qué esperabais si no el trepar por los árboles y las lianas…Ni siquiera el esguince de muñeca me impidió disfrutar un rato de las tarzanadas. Luego vienen las lamentaciones…
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