Los buenos días acá en el Colobus trust, en medio de la selva, tienen tantos sonidos como vida. Son las siete de la mañana y empieza la tormenta. Son los Baboons golpeando en el tejado, justo encima de tu habitación...Los Sykes gritan más disimuladamente y los Colobos melenudos se desperezan en los árboles. Canta la selva con pájaros coristas de infintos tonos...igual se viene la lluvia...dame cinco minutos que el sol protagoniza.
Estamos en Diani Beach, una pequeña localidad playera a 33 km de Mombasa, dicen que el puerto africano más grande del océano que baña estas costas. Aquí, los ecosistemas son bastantes característicos y poco se reconocen en la imagen típica del país. La selva se construye sobre roca y corales y por eso es relativamente joven, la mayoría de los árboles que pueblan estas tierras no tienen más de 300 años...y sin embargo...esos grandes colosos que recorren con sus tentáculos los suelos de coral, deshaciendo la roca con sus poderosas raíces, han sido capaces de permanecer por muchos mas años convirtiéndose en los fantasmas de estos bosques. Con sus gigantes troncos, los Baobab protagonizan los escenarios vegetales de Diani.
La ONG donde me encuentro fue creada en 1997 para la conservación del Colobo Angoleño. Con su aspecto peculiar de melenudo negro y mechas blancas tiene su habitat natural en esta zona del sur de Kenia, vive predominantemente en las copas de los árboles y se alimenta exclusivamente de hojas. Además de los Colobos, podemos ver algunos Sykes merodeando por la zona, Baboons y Vervets.
En busca de Colobos que no encontré, mi primer contacto con los monos fue con los Sykes...Ansiosa, quizás demasiado impaciente por interactuar con los bichos, me introduje en el bosque persiguiéndoles...No sabía que no se podía mirarles a los ojos...así que clavé mi mirada arriba en los árboles. Se me volvieron locos. Gritando y saltando de rama en rama...En vista del encuentro forzado, me alejé para que se calmaran un rato, pero no desistí y volví a desafiarles. Ahora, cinco pares de ojos enfurecidos clavándose con mi mirada curiosa me echaban de su territorio con un mensaje claro y contundente. Esta vez sí, capté el mensaje y me dediqué a los Vervets enjaulados.
Me podría pegar toda la vida observándoles...son increíblemente humanos....o debería decir al revés...Somos tan monos. Pillé al cabroncete del macho dominante en pleno despliegue de sus artes de seducción con una bella monita...acariciaba su cabeza, le quitaba las pulgas...parecía derrochar ternura... cuando...así en un despite...intento coronar...pero astuta, la mona saltó a otra rama y le dejó con las ganas al señor Don Juan, el cual, sin hacer ningún tipo de drama, se empezó, tampoco con pudor, a tocar delante de mis inocente ojos...arghhh. Será guarro el mono de las narices...jaja.
No hay comentarios:
Publicar un comentario